jueves, 10 de diciembre de 2009

Rol Docente en la Reforma Educativa

Perfil del Docente
¿Cuál es el perfil del profesional capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos educativos?
Es aquel docente autónomo, capaz de tomar decisiones dentro de los equipos de trabajo sobre qué, como, y cuándo enseñar y evaluar. Capaz de ser un mediador de la interacción de cada alumno y alumna con los objetos del conocimiento. Capaz de reflexionar sobre la acción, incorporando las variables antropológicas, sociales, políticas psicológicas y culturales que intervienen en la educación y no ya el mero transmisor de conocimientos, que desarrolla sus clases a través de unas metodologías más o menos eficaces y ejecutor de teorías y técnicas que otros investigan.
El docente es la persona encargada de llevar adelante el proceso enseñanza - aprendizaje, es la figura que coordina, motiva, es el orientador por excelencia, guía y modelo para el alumno.
A más de esto el docente debe poseer el siguiente modelo profesional:
Ø La competencia didáctica en la especialidad.
Ø La competencia metodológica.
Ø La competencia para dirigir grupos de aprendizaje.
Ø La competencia de diagnóstico.
Ø La capacidad de asesoría.
Ø La competencia metacognitiva.
Ø La competencia con respecto a los medios de comunicación.
Ø La competencia de trabajar en equipo.

Condiciones para ser un excelente docente.
Ø Tener, sino intuición, al menos comprensión rápida de los deseos, de las necesidades y de las reacciones de los estudiantes.
Ø Saber reaccionar con palabras, actos y decisiones apropiadas.
Ø Conocer los métodos apropiados para crear un ambiente agradable, claro, simpático y en armonía.
Ø Poseer un bagaje abundante y práctico de cosas que se manden hacer a los alumnos.
Ø Manejar con claridad y alegría las diversas actividades educadoras.
Ø Poseer una basta experiencia, ya que hay conocimientos que no se logran de la noche a la mañana.
Ø Conocer los principios y leyes de la educación, tales como:
§ Conocer a fondo lo que va a enseñar.
§ Lograr y sostener la atención e interés de los alumnos.
§ Usar un lenguaje que los alumnos puedan entender bien y explicar con claridad el significado de toda palabra nueva que sea necesaria.
§ Empezar por lo ya conocido y pasar a lo desconocido, por grados, natural y fácilmente.
§ Motivar la actividad intelectual de los alumnos y llevarlos a descubrir por sí mismos la verdad.
§ Exigir que los alumnos expongan completa y correctamente en su propio lenguaje, las verdades que se les hayan enseñado, debiendo afirmarlas con pruebas y ejemplos.
§ Dar muchos repasos a cada asunto con todo cuidado y detenimiento y agregando nuevas ideas qué confirmen las ya conocidas.
El llevar a la práctica estos principios causa en los alumnos una suerte de admiración que los cautiva, un respeto afectuoso que los magnetiza, al mismo tiempo que la ignorancia engendra desprecio y aversión. Hacen estragos en el hombre pobremente dotado en es aspecto intelectual y no puede ser nunca un buen educador y pedagogo.

Conocimiento amplio, profundo y claro del Docente.
Para realizar una enseñanza excelente es preciso del docente el conocimiento profundo, amplio y claro de la ciencia, debe percibir claramente el lazo que existe entre las diversas ramas del saber humano y el papel respectivo de cada una de ellas en la obra educativa.
Aun cuando al alumno no se le han de dar los conocimientos profundos, no por eso dejan de ser indispensables al maestro para realizar bien su cometido.
De esto se infiere la necesidad de la previa preparación escrupulosa de las lecciones, en cuanto a la forma, al fondo, al orden, al material, etc. Todo conocimiento y cuidado es poco en cuestión de tanta importancia.

Ética Profesional del Docente.
La ética profesional es el compromiso que adquiere el hombre de respetar a sus semejantes en el trato de la profesión que ejerce.
La acción profesional procura el sustento propio y el de la familia, así como también propende a la conservación de los elementos fundamentales de la comunidad y al desarrollo social. Siendo así, las acciones individuales y colectivas son valorizadas en cuanto a estos objetivos y en la medida en que estos sean contemplados.
La ética profesional comprende un compromiso de comportamiento derivado de la propia acción del trabajo, de sus consecuencias, junto a los directamente interesados y a la sociedad en general.
Ella constituye lo que se espera de la conducta de un profesional. Es como una expectativa de comportamiento, sobre cuya base se establecen las relaciones entre la clientela y el profesional. Consiste, asimismo, una necesidad y una garantía para que exista un clima de confianza en las relaciones humanas y laborales del profesional.
No debemos olvidar que la ética del profesor expresa, por sobre todo, profundo respeto a la formación de nuevas generaciones, herederas de un presente estructurado sobre la base de un pasado cultural que no puede ser omitido sin grave perjuicio para la colectividad.
El profesor tiene que ser modelo e inspirador de procedimientos sociales y morales positivos para la conservación y el progreso de la sociedad; por ello debe inspirar confianza, tanto a la familia como a la comunidad en general. A la familia, porque su misión será la de educar a lo que esta tiene como su bien más querido: los hijos. A la sociedad, porque de él , en gran parte va a depender la mentalidad de los sujetos llamados a constituirse en los renovadores de todos los sectores de la vida social.
En conclusión podemos afirmar que la educación constituye un derecho y un deber de básica y fundamental exigencia. A ella le corresponde despertar y desarrollar las aptitudes de la persona humana para que esta pueda llegar a su plenitud e integrarse a su entorno, haciéndose partícipe de los compromisos de su comunidad.
Una enorme responsabilidad pesa sobre los hombros de los educadores, estos son los responsables de sus palabras, del tono con que las dicen, de sus silencios de sus gestos, de los contenidos de sus enseñanzas, de las experiencias en las que hacen participar a los educandos, de los ejemplos que dan con su propia conducta, son responsables de su vida pública y de su vida privada. Son los responsables de llevar a cabo, de hacer vivir el Proyecto Educativo Nacional, de transformar toda una sociedad o una generación presente y futura.
El profesor debe creer en la educación, en sí mismo, en su capacidad de transformar la conducta de su alumno y por ende de toda la sociedad a través de la disciplina que enseña. Debe estar convencido de su papel y de su importancia en la formación del educando, debe convencerse de su responsabilidad como agente que influye en las mentalidades que se están formando y, más aun que es él quien en su calidad de profesional, actúa con lo más delicado y valioso que hay en la naturaleza que son otras criaturas divinas.
La responsabilidad profesional del profesor debe conducirlo a querer perfeccionarse constantemente en tres aspectos: en el técnico, profesional y en el social. Técnicamente, procurando actualizar los conocimientos sobre su disciplina; profesionalmente, informándose de los progresos de la didáctica; y socialmente, proponiéndose, a través de la asignatura formar cada vez a mejores ciudadanos.
También el docente debe desarrollar su espíritu de autocrítica, de criticar continuamente su propia conducta. Analizar profundamente todas las situaciones conflictivas por las que se vio envuelto, de modo a reflexionar acerca de si actuó bien o mal en ellas. Desconfiar a veces de su propia acción a fin de ajustarla a las realidades humanas y sociales de sus alumnos y de institución donde colabora.



BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Ø MEC , Ministerio de Educación y Cultura, Programa de Mejoramiento de la Calidad de loa Educación Secundaria (MECES) 1998, “Aprender desde la Práctica, los traspasos necesarios para la nueva organización pedagógica”. Imprenta Salesiana.

Ø MEC. Ministerio de Educación y Cultura, “Paraguay 2020”.-

Ø NÉRICI, Imideo Giusseppe, 1985, “Hacia una Didáctica General Dinámica”. Editorial Kapeluz.